miércoles, 29 de febrero de 2012

Pero el Arte siempre se escapa II

     Cuando el tema elegido para pintar un cuadro se sale de los objetos y situaciones cotidianas y se opta por algo mas general -  sentimientos, conceptos, etc - el artista se ve obligado, para darles forma y así materializarlos, a buscar otra imagen que, por guardar alguna relación con aquella, nos la evoque y adquiera corporeidad.
     Este recurso ha sido característico de toda la pintura religiosa en todo tiempo y en todas las religiones. Lo mismo ha pasado cuando en los personajes representados se quería destacar algún don especial – sabiduría, bravura, magnanimidad, etc.-o eran portadores de cualidades extraordinarias.
      Ya en el lenguaje verbal se manifestó una tendencia a la personificación de los nombres abstractos y tanto en griego como en latín tienen invariablemente género femenino- la verdad, la justicia, la magnanimidad, etc – lo que abría una primera fuente para su representación gráfica.

   Por regla general el motivo que se quiere representar es irrepresentable con los medios o conocimientos que en ese momento se disponen o bien su representación está prohibida por creencias o supersticiones y el lenguaje tuvo que adoptar tropos lingüísticos ,en especial la metáfora, para al mismo tiempo que eludían la alusión directa enriquecían las relaciones representativas. 

    La imagen que se presenta es de un campo diferente al del motivo a representar lo que implica que, previamente se haya establecido oralmente o por escrito la relación entre ambos lo que obliga, para entender la pertinencia de su presencia en el cuadro, un cierto bagaje cultural de esas relaciones. Durante el Renacimiento era normal la edición de libros en los que se detallaban los diferentes elementos, con sus  significados, que deberían estar presentes en las correspondientes representaciones. Es famosa la Iconología de Cesare Ripa, de 1593.Asi, el cubo representaba la firmeza, ya que no importa el lado sobre el que se coloque, su presencia siempre da la impresión de ser mas equibibrada que otra figura geométrica. Cuando por este método nos hemos hecho conscientes de las cualidades, atributos, propiedades y los accidentes de un concepto, su representación es ya factible y el artista puede ejercer su trabajo de acuerdo con la cultura del tiempo que le ha tocado vivir. Las imágenes y las estancias debían estar provistas de los caracteres adecuados- decorum- (De aquí la actual palabra decoración)

    A comienzos del pasado siglo y estudiando la formacion, estructura y comportamiento del leguaje se fue desarrollando una nueva rama del saber, la  Semiótica o ciencia de los signos y símbolos. Su éxito fue  indudable y ha permitido perfeccionar y sistematizar la lógica, las matemáticas y otras formas de lenguaje, sobre todo el verbal y escrito.
    Dado que el arte había venido siendo usado como método para transmitir ideas y creencias que complementasen las descripciones orales y por otra parte ayudasen a los iletrados a hacerse una idea de lo que decían los libros, no pasó mucho tiempo para que el interés de los semiólogos fijara en él su atención.
    El principio del que, a semejanza con el lenguaje oral y escrito, partieron  es que la forma no tiene valor en sí sino que se resuelve en aquello que simboliza. El significado de lo representado transciende al de los objetos o formas expuestas, lo que hemos visto que era práctica usual de la pintura.
     El problema comienza cuando se quiere generalizar y reducir la pintura a un ejercicio meramente lingüístico. Para ello, imitando las categorías de conocimiento kantianas, establecieron unas equivalentes “formas simbólicas” que los objetos culturales llevaban consigo y que , en cierta medida, están por encima de nuestras intenciones inmediatas. Es como si existiera un mundo “más allá” de lo presentado que es lo que le proporciona su “verdadero significado”.
      Pero ¿qué ocurría cuando en el cuadro no había nada que indicase otra cosa que lo estrictamente representado? .Para salvar este inconveniente se dieron dos salidas:
      -Lo expuesto era el “representante de clase” de los objetos similares y en él se condensaban sus propiedades físicas, sociales y culturales por lo que adquiría la obligada transcendencia.Así, en el retrato de un burgués se “manifestaban” las características, buenas para unos, para otros malas, de toda la burguesía ,su mirada era a la vez firme y huidiza, sus manos avaras y abiertas, etc.
      -Observar y analizar la técnica empleada, el material usado y otras propiedades y dotarlas de un sentido especial, diferente al propio del objeto, que se convierte en un elemento secundario.
       Es decir hay que sublimar, bien el tema presentado o bien los elementos que permiten su representación a fin de situarlo en un nivel superior al que le correspondería normalmente. Sería oportuno recordar la respuesta  de Van Gogh al uso de un color extraño en lugar del usual; es que se me ha acabado. A cualquier pintor le ha pasado esto mismo muchas veces y acertar con el color raro es signo de sapiencia artística.

     Otro problema que queda por resolver es el del código, tan evidente en el lenguaje normal. ¿Es la pincelada?¿el propio tema presentado? .Mas bien todo apunta, lo trataremos en otra ocasión, que lo pintado no nos deja fácilmente pasar a una significación transcendental sino que nos detiene en su contemplación y finalmente nos rebota aunque, si previamente hemos sabido de los comentarios significativos, raramente somos capaces de salirnos de ellos y quedamos atrapados en esta única forma de mirar al cuadro. Desde el momento en que el sentido solo se construye en el lenguaje verbal (único lenguaje cuyo análisis ha llevado a la constitución de modelos coherentes y creíbles), la investigación sobre sistemas no verbales no podría sino estar a su servicio, lo que hace que el sentido de la obra artística deba ser reconstruido después de su traducción al sistema lingüístico. El lenguaje nos tiene encerrados en él y solo vemos a su través y, de acuerdo a sus leyes, nos aparta de lo que vemos, escuchamos y sentimos.

     El acotar al Arte en su dimensión simbólica ha propiciado la aparición de modos de hacer, aislando y exagerando alguna de sus características. El hecho de que el objeto presentado sea de un ámbito o campo diferente al representado se ha usado para que cualquier cosa sacada de su lugar habitual y colocada en otro lo más alejado que se nos ocurra lo dote de ese carácter tan transcendental y hasta místico que toda obra de arte deberia tener. Este mero cambiar de sitio ha proporcionado a Duchamp un enorme prestigio hasta convertirlo en guía casi espiritual de muchos artistas en el pasado siglo.- Es bien sabida la renuncia de Duchamp a seguir la senda en el arte de sus hermanos y decir que a partir de ese momento lo suyo eran “las ideas”. El mismo se descontextualizó y así logró su autosublimación.

     El simbolismo como “correcta forma de interpretación” y sus formas simbólicas generaron constantes expresivas, fórmulas emotivas, etc que han propiciado numerosos cuadros con un grado de cursilería que hasta Ramón deploraría. Se olvida que toda convención procede casi siempre de una dificultad técnica y es el resultado de una incapacidad para resolverla.

     De acuerdo con el simbolismo los cuadros están mudos y hay que “leerlos” tanto en lo que son como en el porqué que son y es del todo indispensable analizar su “sintaxis”, lo que solo estaría al alcance de unos privilegiados. No es de extrañar que la brecha entre Arte y público se haya ensanchado.

     Pero  claro que el Arte es en algunos casos simbólico como claro que hay en él complejidad y armonía, hay eso y muchas cosas más que las iremos tratando conforme se ordenemos las ideas al tener que escribirlas.
     Por esto y otras cosas, el Arte se escapa.

   

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